Saudade... há gente que fica na história da história da gente

As coisas vulgares que há na vida
Não deixam saudades
Só as lembranças que doem
Ou fazem sorrir

Regatas de dornas anos 50 gravadas por Leal Soto (Do Arquivo Social da Memoria de Vilagarcía)

lunes, 27 de junio de 2011

"As Dornas Nai" en Carril

Mañá, as sete da tarde, se inaugura no Gato Negro de Carril a exposición fotográfica "Deitada no Mar", que organiza O Faiado da Memoria con motivo do X Encontro de Embracacións Traidicionais de Galicia.
Alí estarán as fotos de Arlillo, as de aquí e algunhas máis.


jueves, 30 de diciembre de 2010

martes, 9 de noviembre de 2010

Pasamento de Arlillo

Hoxe finou meu pai, á idade de 94 anos.

...xa vai na súa dorna dende Sálvora navegando rumbo ao mar...

sábado, 7 de agosto de 2010

94


Mi padre cumplió 94 años el pasado día 1 de Agosto.

Su tema recurrente sigue siendo el mismo. Donde la memoria ha anclado el recuerdo se muestra en esta magnífica foto de su colección.

Una regata de dornas girando en torno al faro de Carril. Eso es para él la imagen de la felicidad.

El próximo martes presentan en el auditorio de Vilagarcía un libro que contiene algunas de sus mejores fotos. No podrá acudir, pero Arlillo sigue navegando...
bea

lunes, 15 de marzo de 2010

Memorias náuticas (IV): El nacimiento del Club de Mar de Vilagarcía

El Club de Mar nació por tres motivaciones.
La primera fue el fracaso del intento de crear en Vilagarcía las pistas de atletismo, con el disgusto consiguiente de Guillermo Poyán y mío.
La segunda motivación fue una carta en el Faro de Vigo, firmada por D. Jesús Diéguez Patiño, lamentándose de que en Vilagarcía, siendo puerto de mar, no hubiese una sociedad para fomentar estos deportes.
Y la tercera fueron las propias dornas, pues era natural que hubiese un club para su desarrollo.
El primer local social estaba situado frente al edificio antiguo de correos.
Las primeras cuotas eran, para los adultos de ocho pesetas y más baratas para los infantiles. Las fiestas se celebraban en la terraza del Bar Casablanca. Allí se celebró el primer aniversario del Club de Mar, con una exposición de maquetas de barcos, de fotografías y pinturas, y una entrega de premios. Se hicieron unas bateas con corchadas, para hacer competiciones de natación y de pesca infantil.



Travesía a nado del muelle de Carril al Club de Mar.

Julián Lumeras confeccionó un álbum con recortes de prensa, fotos, etc, optando al premio Virgen del Carmen. Le fue concedido al Club de Mar por el Ministerio de Marina. Cuando lo fue a recoger el presidente, D. Guillermo Poyán, el ministro dijo -“tengo el honor de entregar este premio al Club de Mar por sus méritos deportivos y que tiene por local social, el mar y el cielo”.
Con el importe de este premio se construyeron cuatro botes de remos, con los se pudieron hacer competiciones. Por mediación del Delegado Provincial para el deporte, señor Pereiro, se tramitó la petición de una subvención a la Delegación Nacional para el Deporte, para la construcción de un local social en el muelle de pasajeros. Se consiguieron setecientas cincuenta mil pesetas y como todavía no era suficiente, por medio de su director en aquel entonces, señor D. Carlos Abal, ya tristemente fallecido y a quien le dedico un cariñoso recuerdo, se tramitaron veinticuatro letras de veinticinco mil pesetas a la Caja de Ahorros de Vigo, a amortizar por cinco mil pesetas durante cinco años. Con ello se pudo inaugurar el local en el muelle de pasajeros.
Con la inauguración de este este local, se intensificó la labor para el desarrollo de los deportes marítimos; se compraron dos yolas y un esquip (skiper), y con este motivo se celebro una competición, con el Club Náutico de Vigo, y el de Viana del Castelo. Se siguió con la travesía a nado de la bahía, con salida de Carril y llegada en el muelle, donde está el Club de Mar. Se siguió con la competiciones de natación y en los Campeonatos Gallegos se consiguieron algunos éxitos en la categoría infantil y en cadetes. Por ese motivo, la Federación Gallega de Natación y el delegado señor Docet, nos concedió la celebración de unos Campeonatos Gallegos de Natación, y como Vilagarcía no tenía piscina, se celebraron en La Toja, por ser el punto más cercano. Se celebró una competición de piragüismo desde Pontecesures, con llegada a la Playa de Compostela, con la participación del Club Fluvial de Lugo, que mandó a los palistas señor Moreira y Álvarez. Con la inauguración en el muelle de pasajeros, se celebró el campeonato del Club, de tenis de mesa y participaron los mejores de Vigo, haciendo una exhibición.



Regatas de yolas del clubes náuticos de Vigo, de Viana do Castelo y de Vilagarcía







Campeonatos de natación en los Campeonatos Gallegos de la Federación, celebrados en la piscina de La Toja, por no tener piscina Vilagarcía.


sábado, 18 de julio de 2009

Mis memorias náuticas (3): La Parrula y las regatas

Pronto me decidí por un barco mayor. Estaba en dudas entre un balandro de un carpintero de ribera de Cambados llamado señor Padín, que se deshacía de sus balandros al irse a Venezuela, o por una dorna como la de los hermana Carús, que todos los días veía navegar nada mas levantarme de la cama. Me decidí por la dorna.


Hablé con los hermanos Carús para tomar las plantillas y con un carpintero de ribera de Rianxo llamado Benito, y así fue como surgió la Parrula. El casco y el palo de esta dorna me costaron cuatro mil pesetas. Terminada con herrajes dobles para los obenques y vela, que también me hicieron en Rianxo, me costó todo dieciocho mil quinientas pesetas. Por último, el carpintero de Carril señor Rodrigo me hizo la camareta, lo que me costó tres mil quinientas pesetas.

La dorna Parrula tras construirle la camareta en el astillero.

Al construir la dorna, empezamos a hacer pequeñas regatas entre la Nai y la Parrula y este fue uno de los motivos de la fundación del Club de Mar. Entró la fiebre por construir dornas. La primera la Marichí, seguida de la Froiña, Maqui y Cipriana. Con estas dornas se formó la primera flota del Club de Mar. Empezamos a hacer regatas saliendo a lo largo del muelle de Hierro y como se estaba construyendo el muro del Tir, si en la regatas hacia viento duro, se cargaban las dornas de piedras. Las regatas se hacían en triangulo, con el faro de Ferrazo y el de Carril.




La Parrula, propiedad del autor, que tenía el número 2 de las dornas del Club de Mar de Vilagarcía, tuvo muchos éxitos, como su adaptación para la formación de los marinos en la Escuela Naval Militar de Marín.

Se hacían dos vueltas y después de las regatas, solíamos en recoger a nuestras esposas, con la comida y algún amigo que se agregaba y nos íbamos a alguna playa de las muchas que tiene la ría de Arousa. La salida de las dornas, cada una con su color y la velas blancas, era un espectáculo difícil de describir, pues las dornas solían ir muy juntas y nos empezábamos a gastar bromas casi siempre sobre las incidencias de las regatas que acabábamos de realizar. Para muchos de nosotros, son de los recuerdos mas agradables vividos, por la camaradería que había.

Un momento de las regatas de dornas cerca del Faro de Carril.


El fenómeno de las dornas es difícil de describir, por la gran cantidad de ellas que llegaron a reunir de las distintas flotas, con un total de veintiocho. Quisimos popularizarlas en las rías próximas, y fuimos a Vigo dos veces.



La primera vez salimos temprano, con idea de ir a dormir a Riveira, y antes de salir cantamos la Salve Marinera, todos en pie en las dornas, siendo un acto muy solemne.
Ya en Riveira, donde dormimos, algunos de los componentes, hicieron alguna gamberrada. Y por la mañana temprano salimos para Vigo.
El mar amaneció con una calma chicha y algunas de las dornas, se agarraron a una machina que salía para Vigo. La Parrula, llevaba de tripulación a Pedro Silva, Chete el del Bazar X, Chito Lumeras y a mi. De marinero iba el Moreno de Carril, quien con una borrachera que aun le duraba del día anterior, se metió en el tambucho de proa y todo el tiempo se lo pasó cantando el mismo estribillo. Me dijo – “tire para fuera pues o viento virá das illas Sagres” y le hice caso. Ya cerca de las Ons se levantó una niebla muy cerrada, y lo único que sentíamos era la rompiente de la isla de Ons. Tiré para fuera escapando de la rompiente y tanto tiré que cuando se levantó la niebla, lo primero que vimos fueron dos flotillas de dornas, unas amarradas a otras para no perderse, y uno de los marineros me dijo con mucha sorna -"Ay señor, leva o rumbo pra América". Y efectivamente veíamos las otras dornas por la Costa da la Vela. Finalmente entramos en Vigo tres horas después que las otras dornas.


Tan pronto llegamos, dejamos la dorna a los patrones vigueses para que pudiesen apreciar las sus condiciones marineras y nos colmaron de atenciones. Al día siguiente las dornas fueron remolcadas hasta Vilagarcía por una motora y nosotros hicimos el viaje en tren.


Balandro Gallareta proyectado para regatas de niños.

En la segunda travesía, salimos muy temprano para ir directamente a Vigo. Se cantó la Salve Marinera. El día estaba un poco gris, amenazando lluvia, pero nosotros no hicimos caso y nos lanzamos a la segunda travesía. Al salir fuera de la ría, había una ola larga que hacía muy bonita su navegación. Íbamos al frente de la flota, Luis Viqueira Valdés, en la dorna Huakevé, Paco Fernández y yo en la Parrula.



Para que el lector se pueda dar una idea de nuestra ignorancia, lo única brújula, que llevábamos en la flota, era la que tenían mis prismáticos. Había una niebla, no muy espesa, pues pudimos ver a un pescador en su dorna, al que le preguntamos si íbamos bien para Vigo. Nos respondió -"teñen que ir mais pra fora”, pues si no nos meteríamos en la ría da Aldán.
Como ya les había dicho, la ola era larga, lo que motivaba que las dornas que venían próximas a nosotros, unas veces estaban sobre nuestras cabezas y otras se hundían y con la ola casi no se veían. El caso que llegarnos sin novedad a Cabo Home, que era el punto indicado para dar salida a la regatas hasta Vigo. Pero también nos extrañó no ver al buque de la Amada, que había quedado en esperarnos para acompañarnos en el recorrido. Luego nos explicaron que como el día tenía tan mal aspecto, pensaron que habíamos desistido de hacer la travesía.



Cena de confraternidad entre directivos y patrones de las dornas.

Al llegar a Vigo, todo fueron atenciones. De nuevo pusimos las dornas a deposición de los patrones de Vigo para que pudiesen apreciar la condiciones de las dornas para la navegación. Al día siguiente salimos para Vilagarcía, llegando sin novedad.



La tercera travesía, fue a la Escuela Naval militar de Marín. La ida fue estupenda pues llegamos sin incidencias. Al llegar a la Escuela, nos dieron toda clase de atenciones e incluso comimos, cenamos y dormimos allí. Al día siguiente, pusimos las dornas a disposición de los alumnos, pero las regatas fueron muy accidentadas, pues se levantó un viento un poco duro y por la inexperiencia de los alumnos algunas dornas volcaron y la motora de servicio, no hacia otra cosa que atender a unas y otras. Pero pese a esta circunstancia, al almirante director de la Escuela le gustaron mucho las dornas y pidió autorización a sus superiores. Se encargaron diez dornas, de las cuales cinco construyó el astillero Pumariño y las otras cinco las construyó el señor Fraga de Carreira, que para mi es el mejor constructor de dornas de la comarca. Estas embarcaciones llevaron el nombre de las islas de nuestras Rías Baixas.



El retorno fue bastante más conflictivo que a la ida, pues nada más al salir de la ría de Pontevedra, se levantó un viento duro y como en las dornas no se puede rizar a bordo, tuvimos que ir a hacerlo a las Ons. Pero el fondo donde estábamos era muy pedregoso, por lo que tuvimos que picar los cabos de varias anclas que allí se quedaron, en el fondo. Con todos estos incidentes se hizo tarde, por lo que decidimos ir a dormir a San Vicente, a los antiguos almacenes o fábrica de salazón de D. Pedro Ferreirós, en el lugar hoy llamado Pedras Negras. Cuando estábamos preparando todo para cenar y dormir allí, vimos pasar la dorna Maqui de José Luis Rey, con dirección hacia la ría de Arousa. Tras deliberar lo que hacíamos, decidimos no dejar solo a este dornista, lo que fue una equivocación, pues poco después se hizo de noche y no podíamos ver nada en el mar. La primera dorna que entró en Riveira a las doce de la noche fue la Nai y pocos minutos después entró la Parrula, pero tal fue el error que de las demás dornas no supimos nada hasta el día siguiente. La Maqui había ido a parar a Carreira y la Froiña había aparecido cerca del Grove. Esta circunstancia se produce cuando la marea está bajando y hay viento del Norte. Entonces es mejor esperar a que la marea empiece a subir. Ese día podíamos haber encargado una misa de gracias por no haber tenido ninguna desgracia.



Tiempo después, el puerto de Rianxo nos invitó a celebrar una regata en la fiesta de la Guadalupe, invitación que aceptamos y celebramos tras la entrega de los trofeos con la mayoría de las autoridades locales. Nos invitaron a comer y pasamos un día muy feliz, pues a Rianxo le tenemos gran cariño.



Entrega de trofeos de las regatas de dornas. Al fondo, señor Rivera de Aguilar (Subsecretario de Obras Públicas), y el señor Toubes (comandante de marina de Vilagarcía).



Recordamos al velero Baltasar, con el lamentable fallecimiento de su patrón y su hijo, que habían ido a pescar. Este hombre fue el que hizo la mayor parte de las velas de la dornas, y la Parrula también fue construida en Rianxo.
Se organizó la travesía de la vuelta a la ría, desde Rianxo, a Póboa do Caramiñal, Riveira y O Grove. En una de estas travesías, cuando habíamos pasado la Isla de Arousa, había una calma chicha y de repente entró el viento del Norte a una velocidad impresionante. A mi me dio tiempo de bajar la mayor, pero no el foque, que empezó a dar tales trallazos que temía que rompiese el palo. Hasta que al final con una navaja pude cortar el cabo y empezó a regularse el viento. Otra embarcación volcó pero no se hundió al coger aire, y los tripulantes estuvieron sentados en el casco hasta que los recogieron.


Entrega de trofeos por el presidente del Club de Mar, Sr. Poyán.

En cierta ocasión el Gran Hotel de La Toja quiso rememorar las regatas de los 6,50 del Real Club de Regatas Galicia y nos invitó a participar. Nos daban los trofeos y nos hacían un precio especial al dormir en dicho Hotel. Llegamos un día del mes de Agosto, con gran bullicio en un día maravilloso de colorido y luz. Fondeamos cerca del Gran Hotel, dándonos un baño. Por la noche, como yo llevaba como tripulante a Chito Lumeras, que era muy mañoso haciendo juegos de manos, pasamos una velada estupenda con sus demostraciones.
Junto a Julio García y con la Parrula, hicimos dos travesías hasta el fondo de la ría.
En la primera debíamos llegar a lugar donde tuvo un aserradero de madera Carbonell con la marea alta. Pasando cerca de Taragoña, las cerezas colgaban de los árboles y vimos un conejo. Desde la dorna esta zona es muy bonita, como tantos otros lugares de la ría. Actualmente han construido un puente para la Vía Rápida.



En la segunda travesía, no tuvimos la misma suerte, pues se levantó un viento tan duro, que incluso se nos rompió el palo, y con mucha dificultad pudimos llegar a Rianxo, donde le dejamos la dorna a Benito, el constructor que habla hecho la Parrula, para que hiciese otro palo, y nosotros nos marchamos a pie hasta la desembocadura del Ulla, donde un marinero nos pasó a Carril.
Prosiguiendo con las regatas triangulares, en una de ellas se regateaba la copa Terry. En la primera vuelta había ido delante la Parrula, quizás por el viento que le era favorable. En la segunda vuelta, en el recorrido al faro de Carril yo le viré por la proa de la Nai, aunque con margen suficiente para no entorpecer su rumbo a mi entender, pero la Nai abandonó para envestir en la popa de la Parrula, que al final llegó primera. Pero los hermanos Cordal Carús presentaron reclamación al jurado y al mismo tiempo me mandaron una carta diciéndome que si consideraba injusta su reclamación, ellos la retirarían. Yo les contesté que si mi triunfo era dudoso, yo renunciaba al mismo. Pero automáticamente, dejé de regatear y poco después subí la dorna para mi almacén, ya que me robaba mucho tiempo de mi trabajo y yo tenía que atender al comercio y a la fábrica. Y así terminó la historia de La Parrula.


El patrón de la Parrula al mando de la dorna.

Mis memorias náuticas (2): Las piráguas y el Iguazú


En la terraza de la casa de mis padres, había montado un pequeño taller de ribera, donde podía hacer unas piraguas de cuatro metros, por un coste próximo a las veinticinco pesetas. Traía del almacén de maderas, una tabla de dos centímetros y medio de grosor, cuatro centímetros de ancho y cuatro metros de largo, así como unos cuantos barrotes de madera de pino rojo de unos cuatro con veinticinco centímetros de largo y veintiuno y medio de ancho, con el mismo grosor. Tenía unos mondes para construir la costillas, y para forrarlas empleaba lienzo de los sacos de harina que por aquel entonces costaban dos pesetas cada uno. Utilizaba pequeños clavos de metal para clavar al lienzo y un poco de aceite de linaza al que se le daba color. Estos eran los elementos necesarios para construir estas piraguas, que las hacia como churros. Para navegar en ellas me ponía de pie, y apoyando los tobillos en las tablas de las bañeras, podía ir remando de pié, hasta la boya de la escollera y volver.

Como yo ya trabajaba cono agente comercial, le solía comprar a una empresa de Talavera de la Reina tabales de sardina prensada. Por tal motivo solía venir de vez en cuando un representante de esta casa llamado Martín, a quien le conté mi afición al mar y a la construcción de piraguas. Cuando le dije lo que me costaban, el me propuso comprare piraguas a ochocientas pesetas. Pero yo me negué, pues no quería mezclar el negocio con el deporte.

Por ser uno de los pioneros construyendo piraguas, así como el iniciador de las regatas da piraguas en el río Úmia, la Diputación de Pontevedra me regaló un carriño de bois de plata, al igual que a otras cuatro personas de distintos puntos de la provincia.

En un ocasión había visto en una revista un invento danés consistente en un rotor, un palo de acero con una hélice, y a la altura de la botavara de los, balandros, tenía una especie de caña de timón para orientar las hélices a dirección al viento. Se trataba de suplir la vela en los balandros. Visto este invento, yo preparé en la piragua un palo con una hélice que llevaba en el medio un piñón de bicicleta. Después de tener todo preparado esperé un domingo, pues a la salida de la misa de las doce, solía venir a pasear por el muelle de Hierro bastante gente. Entonces salí con el mencionado invento, que en realidad navegaba muy poco. Cuando iba con la piragua, cerca del muelle, me llama el Sr. Aguirre, aviador, que posteriormente murió en la Guerra Civil, interesándose por el invento y me felicitó por el mismo. Yo quedé muy satisfecho por el éxito que había tenido con el rotor.

Al perder el Albatros me había quedado sin barco para navegar a vela. Encontré en un librito argentino un modelo llamado Iguazú. Era un pequeño velero, sólo con la mayor y con orza abatibles. Preparé en la terraza de casa una luz, pues como tenía que trabajar de día, sólo podía dedicarme a mi afición por la noche. Esta embarcación llevaba tornillos de metal y como todavía no había destornilladores eléctricos, de tanto atornillar, me salieron ampollas en la mano derecha. Finalmente, como veía que poco avanzaba el barco, llamé a dos carpinteros de Saavedra que a la salida del taller venían a ayudarme.
Poco a poco el barco iba avanzando, con gran interés de los vecinos de ambos lados de la casa. A su remate monté dos andamios a ambos lados del murete que tenía la azotea y esperé una marea alta. Cuando llegó, fue bajando con gran regocijo de la gente de casa, como de los vecinos que seguían la botadura, con gran interés. Al llegar al mar el barco, aplaudieron aquel momento. Ya con el Iguazú en el mar, pude apreciar que por un fallo en la interpretación de los planos había cometido un error, ya que debía haberle dado más manga. Así que tuve que construir una orza de plomo para corregir el error.
Con este balandro navegué poco, pues como sólo podía ir yo, pronto me aburrí.